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jueves, 28 de octubre de 2010

EL «UNO» Y SUS DERIVACIONES

Como es sabido, Plotino recibe una rica formación platónica, por parte de un conocedor de los filósofos antiguos, desconocido en nuestro tiempo por no haber plasmado por escrito su doctrina. Pero según nos cuenta Orígenes el cristiano, y Porfirio, es un «maestro de las enseñanzas filosóficas»,[1] hasta el mismo neoplatónico de Licópolis nos cuenta que disfrutaba de sus lecciones.
 
        
                                                                                                                          Miniatura de una página de De consolatione philosophie, de Boecio (s. XIV)  Ilustra a Ammonio Saccas que enseña Plotin                

LAS TRES HIPÓSTASIS

Es un valor muy grande para la filosofía y mérito para Plotino haber planteado el problema de la relación entre la unidad y la multiplicidad, lo sensible y la separación total de lo inteligible. Teniendo en cuenta que cuando inició sus estudios filosóficos -a los veintisiete años de edad-, lo hizo debido a un “impulso” repentino, que algunos autores lo consideran como un cierto tipo de vocación, una llamada interior seguida de una conversión que tiene de fondo un motivo religioso y moral a consecuencia -como dice su biógrafo Porfirio-, de las “vergüenzas” que pasaba cuando tenía ocho años al no abstenerse de sus travesuras[2].  Este deseo de llevar una vida ordenada moralmente y con principios religiosos, le conduce a forjarse como meta  acercarse ala Divinidad, buscando a la vez, la unidad con Él que está por encima de todo[3]. Por consiguiente, estas dos realidades inseparables -principio y fin-, lo lleva a reconocer elUno trascendente como del cual todo procede y al que todo debe retornar; en nuestro lenguaje diríamos: «el Dios principio y fin de todas las cosas…» y es así como forma la primera hipóstasis[4]. Seguidamente, como el Uno[5] es absoluto, lo que produce no es algo más perfecto que él, sino con una perfección en menor grado al cual da el nombre de Inteligencia (nous=noýV) o segunda hipóstasis. Análogamente como del Uno procede la Inteligencia, así de esta última, procede la así llamada Alma activa o tercera hipóstasis.

 Es, por lo tanto, una derivación o procesión cada una inmediatamente de la anterior que es -por ser la que produce- más perfecta que ella; en efecto, no existe una relación directa entre el Alma activa[6] con el Uno absoluto, sino sólo a través de la Inteligencia, mientras que entre la Inteligencia y el Uno, no existe un intermediario, sino al contrario: existe una relación directa e inmediata, ya que por no existir otra hipóstasis antes que ella se da un vínculo de unión entre ambas. De la misma forma, o mejor dicho análogamente, se da ese vínculo entre todas las cosas, cada una inmediatamente en relación con la anterior que, como hemos afirmado anteriormente, es más perfecta que ella.

Veamos ahora un poco más detenidamente cada una de estas tres hipóstasis, para ver en que manera depende cada una de la anterior y cómo se relacionan entre sí.
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[1]   EUSEBIO DE CESAREA, Historia Eclesiástica VI 19, 13.
Según algunas fuentes, Ammonio es uno de los primeros y grandes neoplatónicos que no escribieron, sino que como era costumbre aun,  transmitían sus doctrinas por la dialéctica. Entre otras expresiones, lo llamaban «el ungido de Dios».
[2]   PORFIRIO, Vida de Plotino 3, 15.
[3]   Ibídem. 23, 15.
[4]  Véase su significado en la nora 3 de la introducción a este trabajo.
[5]  Téngase en cuenta para la lectura del texto, que hablo de Uno (con mayúscula), para referirme al Uno absoluto, perfecto, es decir: a la primera hipóstasis; mientras que al hablar de uno (con minúscula), me refiero a la unidad como negación de pluralidad.
[6]  Prefiero llamarla Alma «activa» en cuanto sostiene las actividades de la vida psíquica (procedente de la inteligencia) y la distingue de  los otros tipos de alma que son menos perfectas y las cuales según el pensamiento plotiniano, dependen de ella.
 Por: David Arturo Pineda Escobar

Introducción (Las derivaciones del Uno en Plotino)

No pretendo hacer un estudio exhaustivo acerca de la doctrina plotiniana de las derivaciones del Uno, solamente me he detenido en aquellos aspectos que se pueden considerar más importantes respecto al tema. Desde el inicio del trabajo se notará que la bibliografía usada, además de las traducciones que se han hecho del original libro de lasEnéadas escrito por Porfirio, uno de sus discípulos, la he seleccionado de aquellos autores que han entendido de manera más aceptable la doctrina neoplatónica y en particular del más grande promotor de esta doctrina, Plotino, porque solamente así evitaré dar una información equivocada acerca de este reconocido filósofo del s. III.

Téngase en consideración que algunos libros que he usado como guía están escritos no en lengua castellana, por lo que he adaptado la traducción no de forma literal, sino como parece más acorde y familiarizado a aquellos escritos en esta lengua, como por ejemploEnéadas V y VI que no encontré los libros con traducciones al español.

Para los libros de las  Enéadas I, II, III y IV cuyas dos primeras están introducidas por la Vida de Plotino, he utilizado la traducción al español por Jesús Igal, pero por no haber tenido al alcance las Enéadas V y VI en la misma lengua, como he aclarado anteriormente, he tomado como base la traducción al italiano de Giuseppe Faggin[1].

Es difícil hacer un estudio sobre temas que han traído diversas complicaciones tanto a nivel filosófico como teológico, dos difíciles campos en los cuales debemos reflexionar detenidamente para plasmar solamente aquello que va de acuerdo al correcto pensamiento del autor estudiado (Plotino en este caso) y lo que no dé lugar a interpretaciones equivocas.

En el pensamiento de Plotino no podemos separar estas dos realidades, porque de hecho, todo su sistema filosófico está, en cierta manera, ligado a un problema teológico. De ahí que en los dos ámbitos se ha reflexionado intentando deducir la concepción plotiniana delUno y sus derivaciones. Precisamente en el presente trabajo desarrollamos en forma sintética esta parte de su amplia doctrina filosófica, en la cual se encontrarán tres aspectos muy importantes en el transcurso del tema.

En primer lugar, se encontrará el inicio o su «vocación filosófica», si queremos llamarlo así; punto que trataré a lo largo del primer capítulo.

Un segundo aspecto en el cual he puntualizado con mayor detenimiento es lo referente al Uno, que desarrollo en el transcurso del segundo capítulo. El problema de fondo que se encontrará en esta parte, es la exaltación del Unum al más allá, denotando su total simplicidad y su carácter inmensurable, que es la condición necesaria para poder generar a través de la inteligencia, la multiplicidad de las cosas.

A este ser que no se confunde con ninguno de los que Él genera, al segundo que es totalmente inteligible, y al tercero que es el productor de todo lo material, Plotino les atribuye el nombre de las tres hipóstasis principales (Περ τω̃̃̃̃̃̃ν τριω̃̃̃̃̃̃ν Gρχικω̃̃̃̃̃̃ν ßποστVσεων[2]). En el mismo capítulo he intentado explicar cómo se derivan estas dos últimas de la primera hipóstasis[3].

               Para finalizar, presento en el tercer capitulo una breve reflexión acerca del concepto de «derivación» y a rasgos generales, algunos detalles sobre su doctrina. En esta última parte, se notará que la filosofía de nuestro autor se encuentra enlazada a otros autores de la antigüedad, a los que sin repetir sus doctrinas, les da un sentido único y propio.




[1]  Consúltese la bibliografía al final del presente trabajo.
[2] Cf. PORFIRIO, Vida de Plotino 25, 10 y Enéada  V, 1.
[3] Proveniente del griego: ßpόstasiς (hypóstasis) que quiere decir lo que está debajo. En latín lo denominamos suppositum (fundamento) o substantia (de sub = debajo, y stare = estar [estar debajo], por su derivación del griego: oÛsίa (usía) que denota la esencia o entidad de algo. Plotino usa también este termino en el sentido del sujeto o el sustrato ÛpokXimenon (hypokéimenon). 
Este término es usado en diferentes sentidos a lo largo de la historia filosófica como por ejemplo en Aristóteles que es el verdadero introductor del término en el uso filosófico que viene usado como «entidad primera» (oÛsίa), «principio» (Gρχe), lo real existente como individuo, «un esto» (tόde tί [tóde tí]). 

Por: David Arturo Pineda Escobar

Vida de Plotino

Es difícil ubicar la fecha exacta del nacimiento de Plotino, ya que no quiso revelar el día de su nacimiento a sus amigos ni mucho menos a sus discípulos[1], parece ser que este hecho se debe a que tenía una cierta antipatía con su personalidad, que parecía avergonzarse de estar en un cuerpo[2]. Por los escritos de Porfirio, uno de sus más fieles discípulos, se deduce que nació en la ciudad de Licópolis, Egipto -aunque no muy enraizado a este tipo de cultura- , entre los años 203 ó 204, en una época conflictiva y llena de crisis por parte del imperio de Roma. A los veintisiete años de edad, inició sus estudios filosóficos primeramente con los maestros más prestigiosos de Alejandría, pero salía insatisfecho de las lecciones impartidas, por lo que al comentar a sus amigos su anhelo de conocer a profundidad la filosofía, uno de ellos lo condujo con Ammonio Saccas, un platónico que según la expresión de Plotino, le satisfacía en sus discursos: «este es el que yo buscaba». Once años fueron suficientes para adquirir un profundo conocimiento filosófico de tradición platónica, con huellas de los más grandes filósofos antiguos, hasta llegar a Filón de  Alejandría[3].


La filosofía le despertó el deseo de conocer las prácticas de la filosofía persa e india. Según Jesús Igal, un estudioso del neoplatonismo, este deseo se refiere no a un conocer teóricamente la religión que profesaban estos, sino a un espíritu de conversión, abandonando las pasiones y practicando una vida según la formación recibida de su gran maestro Ammonio y el fin que el mismo Plotino se había trazado: acercarse a Dios y unirse a Él[4].

 Referente a sus escritos, estando ya consciente de su pronta muerte debido a una enfermedad, encarga a sus discípulos para que le hagan la ordenación y corrección de estos, por lo que Porfirio se encarga de ordenar no cronológicamente algunos de sus escritos, sino de forma sistemática: agrupando los 54 tratados, los distribuye en seis grupos de nueve[5]. Puesto que el término “nueve”en griego es ennéa (έννήα), he aquí el nombre de la obra: Enéadas.

Luego de haber fundado una escuela en Roma y enseñado el neoplatonismo a sus discípulos, enferma gravemente y es abandonado por todos a excepción de Eustaquio, quien permanecerá con él hasta el momento de su muerte, momento en el cual dirige sus últimas palabras invitándolo a «elevar lo que de divino hay en nosotros hacia lo que hay de divino en el universo»[6]. Es notorio que Porfirio se basa en los datos que le da Eustaquio para afirmar que murió a la edad de sesenta y seis años, en el segundo año del reinado de Claudio el  Gótico, es decir: en el 270, porque ya se había retirado a Lilibeo, actual Marsala, Sicilia. 



[1]   Amelio, Porfirio, Castricio, Eustoquio, Zotico, Paulino, Zeto,…Cf. PORFIRIO, Vida de Plotino 1, 35.
[2]   Cf. Porfirio, Vida de Plotino 1.
[3]  Según algunos comentarios a las Enéadas y publicaciones recientes de estas, Plotino hace aproximadamente unas 900 referencias a Platón y 500 a Aristóteles. Cf. F. PASCUAL, «La concezione metafisica di Plotino», Alpha Omega 9 (2006), 125 nota 4.
[4]  Sobre este punto véase la introducción general que hace el autor citado al libro Vida de plotino. Enéadas I-II, Introducciones, traducciones y notas de JESÚS IGAL, Gredos, Madrid, 1982.
[5]   Parece ser que Porfirio sigue el ejemplo de Apolodoro el ateniense que agrupó las obras del comediógrafo Epicarmo repartiéndolas en diez tomos (cf. PORFIRIO, Vida de Plotino 24, 5). También imita lo que hizo Andrónico de Rodas que distribuye de la misma manera los escritos de su maestro Aristóteles (Corpus aristotelicum). Según Porfirio, éstos seis grupos de nueve es un número simbólico. Por ser el duplo y el cuadrado del tres es un número perfecto.
[6]   PORFIRIO, Vida de Plotino 2, 25.

Por: David Arturo Pineda Escobar

martes, 19 de octubre de 2010

La "Diaconisa" de Cencreas

Hace unos días, estuve impartiendo un tema sobre “los grados del sacramento del orden. Algunos, erróneamente afirman que hay tres grados del sacerdocio, en realidad existe un único sumo y eterno sacerdote: Jesucristo; de su sacerdocio, hace partícipes a algunos hombres que ha llamado para que estuvieran con Él (Mc 3, 13-14); por lo tanto, no existen tres grados del sacerdocio, sino tres grados del sacramento del orden. En consecuencia, el Diaconado no es el primer grado del sacerdocio, sino el primer grado del sacramento del orden. El diaconado es un servicio, es un ayudante del obispo y del presbítero; de hecho, este término proviene del griego “diákonos” que significa “servidor”, el término griego denota a una persona que ejerce una función de servicio en favor de otra. En una terminología más amplia, significa “servidor de la mesa”. Según 1 Tim 3, 8-13, los diáconos son los ministros encargados en las comunidades cristianas de las obras de caridad y de la predicación, esto explica por qué en Romanos 16, 1-2 se habla de una “diaconisa”, es decir: de una “servidora”.

Otras traducciones

El término griego que usa el texto original de Rom 16,1, es “diakonon”, porque en este idioma era la única palabra para indicar este tipo de servicio, en español, sabemos distinguir entre aquella persona que sirve al obispo o al sacerdote en la misa (Diacono) y aquella persona que se encarga simplemente de servir a los demás, de servir a los enfermos o a un necesitado de algo (servidor, que no precisamente es un Diácono); antes, el mismo término era usado para ambos. Algunas traducciones de la biblia, para conservar la etimología de la palabra, traducen así: “Os recomiendo a Febe, nuestra hermana, diaconisa de la Iglesia de Cencreas” (Nueva Biblia de Jerusalén), este estilo de traducción, puede traer confusión en el texto.

La versión latina de los LXX traduce: “Commendo autem vobis Phoebem serorem nostram, quae est ministra Ecclesiae quae est Cenchris” (Por otra parte, recomiendo a ustedes a “Phoebem”, hermana de nosotros, que es ministra de la Iglesia que está en Cenchris), nótese que aquí se habla de “ministra”, y no de “diaconisa”.

Me parece interesante la traducción que hace la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) en la última edición del texto bíblico: “Febe, nostra sorella, che è al servizio della Chiesa di Cencre” (Febe, nuestra hermana, que está al servicio de la Iglesia de Cencreas). Nótese que no usa ni la palabra “diaconisa”, que en italiano sería “diaconessa” (en griego diakonon), tampoco se usa “ministra” como en latín, sino que usa el término actual en el verdadero significado: “que está al servicio de la Iglesia de Cencreas”. A mi modesta opinión, la traducción correcta y literal que debería darse al texto es esta: “Les recomiendo (a ustedes) a Febe, hermana nuestra, que es también servidora de la Iglesia que está en Cencreas”.
Dice el Código de Derecho Canónico: “sólo el varón bautizado recibe válidamente la sagrada ordenación” (CIC 1024). Por consiguiente, es inaceptable que una mujer pueda recibir el ministerio del Diaconado como tal. El diaconado nace por la necesidad que hay de personas que se dediquen al servicio de los pobres y de las viudas, como lo narran  los hechos de los apóstoles:

“Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana. Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: «No parece bien que nosotros abandonemos la Palabra de Dios por servir a las mesas. Por tanto, hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo; mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra.» Pareció bien la propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía; los presentaron a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos” (Hch. 6, 1-6).

En otras palabras: Pueden haber mujeres que se dediquen al cuidado de los pobres y de las viudas, pero no por eso quiere decir que les impondrán las manos para que sean “diaconisas”. Así mismo, hoy en dia existen los ministros extraordinarios de la comunión que se distinguen de los diáconos y del ministro ordinario de la Eucaristía.

Además, quiero dar espacio a otra posibilidad: Supongamos que en Cencreas (Corinto) Febe era realmente una diaconisa como los demás hombres que se dedicaban a la misma tarea; aunque así fuera, no por ello sería una excusa para que las mujeres sean admitidas a las ordenes sagradas, porque como hemos dicho antes, el diácono no es sacerdote, el diácono es un ministerio al servicio del sacerdocio, es decir: al servicio de aquellos que tienen el grado del sacerdocio (sacerdotes y obispos en general).

Por otra parte, Jesucristo instituyó el sacerdocio como sacramento, y para ello escogió a 12 hombres, los cuales constituyó apóstoles (Mc 3, 13-14) pero no es así con el diaconado, éste nace después, no directamente por Cristo, sino por medio de la Iglesia para atender mejor a los más necesitados y así cumplir con la misión dada por Él.

Por: David Arturo Pineda Escobar.

lunes, 6 de septiembre de 2010

¿Fiesta de los farolitos? O ¿Fiesta de la Natividad de la Virgen María?

El departamento de Ahuachapán se ilumina el 7 de Septiembre con su tradicional “fiesta de los farolitos”. Te has preguntado ¿cómo nace esta tradición? ¿Qué sentido tiene salir a las calles con un “farolito” encendido? Es acaso una fiesta puramente de consumo, material y pagana? No, la fiesta no es pagana, al contrario, la verdadera fiesta de “los farolitos” es una fiesta que nace en un ámbito cristiano y más aún, es una fiesta Católica con un sentido profundamente  Mariano; aunque muchos aun no lo saben, cuando se unen para festejar, también se están uniendo a nosotros los Cristianos Católicos en el culto a la madre de Cristo, es decir, a la siempre Virgen María. Al inicio era así. El problema es que hoy en día se ha perdido el verdadero sentido de esta fiesta.

Entonces, ¿cómo y dónde nace dicha festividad? He escuchado discusiones por la ubicación geográfica en que nace y se desarrolla en El Salvador, como por ejemplo: los habitantes de Ataco sostienen que es allí donde se inicia, los Ahuachapanecos también dicen que es en la ciudad de Ahuachapán donde por primera vez nace dicha festividad que posteriormente la adoptan otros pueblos. Se escuchan dos versiones al respecto:
La primera, se remonta al año 1850, cuando un gran terremoto estremece la ciudad y por intercesión de la Virgen María, muchos sobrevivieron. La segunda en cambio, se remonta hace más de 400 años, cuando desde España traen la devoción a la Madre de Cristo que fue concebida sin pecado original y por eso el 7 de septiembre, en las vísperas de su nacimiento, por no tener energía eléctrica todavía, todos encendían en sus casas y en las esquinas de las calles, antorchas luminosas para salir en procesión y así poder iluminar y dar fe en público la devoción a la Virgen María.

En lo personal, pienso que la verdadera historia es esta última, ¿por qué motivo? Veamos:

Ubiquémonos en Jerusalén, porque es allí donde tiene origen la devoción a la Madre de Jesús. Aunque al inicio fue a Santa Ana (la Madre de la Virgen María) a quien se le rendía homenaje por haber dado a luz a aquella que no fue víctima del pecado original (María); por eso en los primeros siglos del Cristianismo, en Jerusalén, se le dedica un templo en su honor.

Esta tradición oriental nos narra, que ya desde el siglo V, se veneraba el nacimiento de María sin la mancha del pecado original. Posteriormente, en el s. XII, el templo antes mencionado dedicado a Santa Ana ya estaría terminado y mucha gente acudiría a este lugar para rendirle homenaje tanto a ella como a la madre de Cristo, quien ocupa un lugar muy importante en el Cristianismo Católico; su nacimiento es motivo de gozo y alegría para todos porque de Ella nacerá el Salvador de toda la humanidad (Lc.2, 11).

Como ya hemos dicho antes, es en Jerusalén (en el s. V) donde nace con más claridad la devoción a la Virgen María, que luego se extendió en diversas regiones, entre las cuales Roma es la más destacada, por lo que en el s. VII (cuando apenas se iniciaba a construir el templo de Jerusalén dedicado a Santa Ana) ya se tenían varias manifestaciones Marianas en Roma. 

Posteriormente  será el Papa Sergio I (687-701) quien propagará esta devoción en la ciudad eterna, para ello, el 8 de diciembre, fijarían la fiesta de la Inmaculada concepción de la virgen y nueve meses después de esta, es decir: el 8 de septiembre, se festejará su nacimiento sin mancha del pecado original. En oriente, tiene una connotación muy especial: es con esta fiesta de la Natividad de la Virgen María cuando se abre el año litúrgico bizantino, el cual se cierra con la Dormición de la Virgen, en agosto.

Cuando dicha devoción llegó a Roma, (en el s.VII) era celebrada con una procesión que iniciaba en un punto céntrico de Roma, para concluir en la Basílica de Santa María Mayor, que es la primera basílica en todo el mundo, dedicada a la Virgen María (esta Basílica se encuentra a unos pocos minutos de la ciudad de El Vaticano). Nótese que cuando la devoción a María traída desde Jerusalén llega a Roma, ya estaba construida esta basílica nominada Santa María Mayor (entre los años 330 y 440), porque su origen se debe a otro acontecimiento que no es el momento de comentar.

También es importante destacar que en 1683, el Papa Inocencio XI declaró oficial una fiesta que se realizaba en el centro de España durante muchos años y que es la que hoy conocemos como "Dulce nombre de María".

Ahora es más fácil ver como la devoción a la Virgen María fue creciendo poco a poco y expandiéndose en todo el mundo. La procesión que se hacía hasta la Basílica de Santa María Mayor, en Roma, tuvo un papel muy importante en la historia de la Mariología Católica, por eso decía al inicio que es más probable que la tradicional fiesta que hoy conocemos en Ahuachapán como de “los farolitos” tenga su origen con la inculturación de los Españoles que nos transmitieron también el amor a la Madre de Cristo festejando el 7 de septiembre, las primeras vísperas de su nacimiento sin mancha del pecado original.

Fundamento Bíblico.

1.    A continuación presento algunos textos que, si bien el salmista está hablando de la sabiduría, muchos teólogos los han aplicado a María, la madre de Jesús:
"Yhwh me creó, primicia de su actividad, antes de sus obras antiguas. Desde la eternidad fui formada, desde el principio, antes del origen de la tierra. Fui engendrada cuando no existían los océanos, cuando no había manantiales cargados de agua; antes que los montes fuesen asentados, antes que las colinas, fui engendrada" (Prov. 8, 22-25).

"Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y por los siglos de los siglos existiré” (Ecl.24, 9).

2.     En el Génesis, también encontramos un texto que hoy conocemos como Protoevangelio: "Enemistad pondré entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza     mientras acechas tú su calcañar" (Gen 3, l5).          

3.      En la mariología del Nuevo Testamento, encontramos los textos del sentido intercesor de María en las bodas de Caná (Jn. 2,1ss) y su protección maternal junto a la cruz (Jn. 19,25-27); Por otra parte, en Gál. 4,4-5 encontramos: "Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley y para que recibiéramos la condición de hijos".
Para terminar, quiero dar una breve reflexión sobre el significado del nombre de María: En griego, el nombre mismo de la “joven” que daría a luz un hijo, significaba que sería al mismo tiempo virgen y joven.
Susignificado primordial es "doncella" (παρθένος = parthénos), es decir: una mujer que comprendía desde los 13 hasta los 18 años y que no había conocido varón. Además, María significa "llena de gracia", "la iluminada", "la que ilumina". Qué bien se le adapta este término. Cuando tú llevas en tus manos una luz, ¿acaso su resplandor no te ilumina? Cuánto más María que llevó en su seno al que es la Luz del mundo (Jn.8, 12 y Jn.1, 7) pudo iluminarse de ella?

Por eso, cuando lleves el  farolito en la mano y seas iluminado por él, acuérdate que es un signo de que tú llevas en tu interior a Cristo que es la verdadera luz y ahora es tu deber iluminar a los demás con tu buen ejemplo, con tu estilo de vida, es tu deber recuperar el verdadero sentido Mariano de esta tradicional “fiesta de los farolitos” y que con ello estas dando homenaje y celebrando el nacimiento de la Virgen María quien nos trajo la Luz verdadera y al portador de la salvación, a Cristo.


David Arturo Pineda Escobar